OF de Medellín, Alejandro Posada y Roberto González: obras de Tchaikovsky y Shostakovich

 

 

 

 

Orquesta Filarmónica de Medellín

Director: Alejandro Posada, Colombia

Solista: Roberto González, violín, España

 

Domingo 17 de junio de 2012, 11:00, Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

 

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840 – 1893)

Obertura 1812, Op 49.

Tiempos del único movimiento: Lento – Andante – Allegro giusto – Largo – Allegro vivace.

 

Tchaikovsky escribió su Obertura 1812 como pieza conmemorativa para la celebración del vigésimo quinto aniversario del reinado del zar Alejandro II, que habría de ocurrir al año siguiente de la composición en 1881. La obra se destinó a una gran ceremonia cerca a la antigua ciudadela real del Kremlin, frente a la iglesia del Cristo Salvador que estaba casi a punto. La obertura está enmarcada por un par de temas rusos, comenzando con la melodía de un himno de la iglesia ortodoxa, y concluyendo con la del himno imperial. En el medio, la Marsellesa presenta desde la invasión del ejército napoleónico hasta su retirada en derrota. Para sacar provecho del espacio abierto, Tchaikovsky incluyó el uso de numerosas campanas de las varias iglesias de la zona y de cañones que serían disparados con precisión musical, mediante un dispositivo eléctrico remoto. Pero tras el asesinato del zar la celebración no ocurrió. El estreno fue en 1883 en un recinto cerrado con público reducido, sin descargas de artillería y sin los carillones previstos. Renombrados directores han intentado, en vivo durante la ejecución, o empleando técnicas de edición en estudio, hacer uso de verdaderos carillones y cañones. Para las ejecuciones bajo techo, sin embargo, se prefieren campanas tubulares y golpes de percusión.

 

Dimitri Shostakovich (1906 – 1975)

Concierto No. 1 para violín y orquesta en La menor, Op 99

I. Nocturno: Moderatto

II. Scherzo: Allegro

III. Passacaglia: Andante

IV Burlesque: Allegro con brio – Presto.

 

El concierto No. 1 para violín de Shostakovich presenta un contraste emocional absoluto. El carácter meditativo y profundo del primer movimiento nos sitúa ya en el universo complejo de este compositor soviético tantas veces sometido a los rigores de la autoridad estalinista, y especialmente la del consuegro de Stalin, Zhdanov, gran comisario para las artes, que en 1948, año de composición del concierto, profirió ataques que fueron particularmente directos para Shostakovich. Autocriticarse, es decir acusarse de desviaciones frente a las directrices de componer para los cánones del realismo socialista, o admitir intelectualismo, formalismo, tendencias pequeñoburguesas o pesimistas, fueron situaciones por las que tuvo que pasar Shostakovich en vida de Stalin. En 1955, dos años después de la muerte de éste, el violinista David Oistrakh estrenó el concierto que le había escrito Shostakovich en 1948. El original recibió el opus 77, y la versión del estreno, el opus 99. Para la música soviética, esta pieza abrió las posibilidades de expresión hacia estilos más personales, meditativos y portadores de expresiones plurales.

Este concierto pone a prueba a orquestas, solistas y directores. Tiene la reputación de ser una de las obras más exigentes en el repertorio de los conciertos para violín del siglo veinte y con frecuencia los solistas trazan hasta Oistrakh mismo las líneas de maestros que han ejecutado esta pieza y han sido maestros de otros maestros hasta llegar al ejecutante en turno. Aparece en este concierto el tema que Shostakovich adoptó como su firma personal con las notas Re-Mi bemol-Do-Si que corresponde a la identificación alemana de las notas DSCH, utilizadas como tema condensado por D. SCHostakovich. Con mucho relieve, el tema puede escucharse desarrollado en piezas como su décima sinfonía y el cuarteto No. 8, entre otros.

 

Piotr Ilich Tchaikovsky (1840 – 1893)

Sinfonía No. 5 en Mi menor, Op 64

I. Andante – Allegro moderato

II. Andante

III. Valse: Allegro moderatto

IV: Andante maestoso.

 

De las cuatro sinfonías anteriores de Tchaikovsky, ninguna había alcanzado un grado tan alto de expresión individual, un sello tan característico ni un lenguaje tan propio, particularmente en los tres primeros movimientos con su notable tratamiento tonal. Esta sinfonía, escrita, estrenada y publicada en 1888, resalta un aspecto de la música romántica en la que la melodía y su desarrollo juegan un papel tan preponderante. En los dos primeros movimientos la melodía la presentan los vientos, lentamente, de manera concentrada y compacta. Maderas en el primero y metales para el siguiente. El extenso primer movimiento de más de 540 compases se ejecuta en un tiempo cercano al del más lento y reposado segundo, de menos de doscientos. El breve vals del tercer movimiento saca excelente provecho del ritmo de esta danza. El movimiento final arranca con el tema inicial de la sinfonía, en las maderas, esta vez en tonalidad mayor y tiene 565 compases que se ejecutan en apenas algo más de lo que tarda el primer movimiento en Mi menor. El cuarto movimiento sufre de la debilidad frecuente en Tchaikovsky para concluir una sinfonía, pero los esfuerzos por cerrar con toda la orquesta no logran restarle mérito a la pieza y resaltan un rasgo humano importante en el Tchaikovsky de personalidad inquietante y de juicios cambiantes y contradictorios sobre sus propias composiciones.

 

Las notas realizadas por Ricardo Rozental para los programas de mano se elaboran por solicitud del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo a quien pertenecen la totalidad de los derechos patrimoniales: www.teatromayor.org