Orquesta Sinfónica Simón Bolívar y Gustavo Dudamel: Sinfonía No. 9 de Mahler

 

 

Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, Venezuela

Director: Gustavo Dudamel, Venezuela

 

Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Jueves 3 de julio de 2014, 20:00

 

 

Gustav Mahler (Imperio Austro-Húngaro, 1860-1911)

Sinfonía No. 9 (1910-1911)

I. Andante cómodo

II. Im Tempo eines gemächlichen Ländlers. Etwas täppisch und sehr derb. (En tempo de un landler relajado. Un poco insolente y muy robusto)

III. Rondo-Burleske: Allegro assai. Sehr trotzig. (Muy gallardo).

IV. Adagio. Sehr langsam und noch zurückhaltend. (Muy pausado y a la vez reservado).

 

La obra de Mahler es toda de concepción sinfónica. Su producción como compositor abarca un catálogo tan reducido que cabe en un par de renglones: 9 sinfonías completas; un movimiento y esbozos para una décima inacabada; unos ciclos de canciones de carácter sinfónico o con acompañamiento de piano y algún intento en el género de cámara. Eso es todo, podría pensarse y, sin embargo, no lo es. La biografía de Mahler abarca cuatro tomos monumentales en la obra de Henry-Louis La Grange quien se ha tomado 4 decenios en escribir sus casi 3600 páginas. Esto indica que resulta difícil abarcar a Mahler y por analogía se puede decir que su música, su biografía, los aportes a los ambientes musicales en los que se desempeñó, los conflictos profesionales, sociales y de pareja que lo rodearon, no pueden reducirse ni caben en un reducto.

Esta noche basta con ver hacia el escenario para percibir que una sinfonía de Mahler – y esta no es la de máximas proporciones – exige un espacio amplio para la orquesta. Por lo mismo, su concepción y ejecución son de dimensiones poderosas. Pero no hay que esperar, como en las obras de Berlioz, que esta orquesta produzca un enorme volumen sonoro. Puede hacerlo y lo hace, pero no es el propósito fundamental. Por el contrario, hay una gran masa orquestal integrada por numerosos sonidos individuales habitualmente discretos, muchas veces tenues, de una delicadeza que requiere maestría en la ejecución y capacidad de interpretación individual a disposición de la obra, sus intérpretes y su público.

La Octava sinfonía sobrepasó, por unos pocos ejecutantes, el millar de intérpretes entre instrumentistas y cantantes que la estrenaron bajo la batuta de Mahler. La de esta noche es la última de las sinfonías que Mahler terminó. Es una obra puramente instrumental y sobresale como la creación de un compositor cuya producción no es ni la clara búsqueda de expresión individual dentro de la línea clásico-romántica, ni tampoco pasa al terreno revolucionario de los compositores que echaron abajo las bases consideradas sólidas desde Haydn y Mozart y que con Schoenberg miraron en otra dirección.

Mahler tuvo un solo matrimonio con la brillante Alma María Schindler, esposa luego, del arquitecto Walter Gropius, fundamental en la conformación de la Bauhaus. Esta sobresaliente mujer también fue la pareja de Franz Werfel, novelista de sobrado reconocimiento y compañera eventual del célebre pintor  Gustav Klimt, y de Alexander von Zemlinsky, otro compositor y maestro de Schoenberg. Alma tuvo un par de hijas con Mahler, la primogénita murió en la infancia. Alma fue una compositora diestra en el campo de la canción artística. Sus múltiples encantos personales, su inteligencia y su fluidez para desplegarla en la conversación hicieron que en la Viena del cambio de siglo entre el 18 y el 19, Freud solicitara que le permitieran sentarse a su lado para disfrutar la velada. Ella recibió de Freud algún consejo profesional que parece haberse filtrado al público indiscretamente.

Pero Mahler, casi 20 años mayor que ella, murió a los 51 años, mientras Alma le sobrevivió más de medio siglo. Y la muerte del compositor ocurrió antes de que estrenara esta, su última sinfonía.

La Novena de Mahler es una obra de muy larga duración. Las ejecuciones varían entre 1h 30m y 1h 15m. Esta diferencia de tiempo es suficiente para que equivalga a todo un movimiento sinfónico de muchos de quienes compusieron en el siglo 19. La preferencia en la ejecución ha ido avanzando hacia abordajes progresivamente más rápidos desde los tiempos en que la obra la estrenó Bruno Walter en 1912, dirigiendo la Sinfónica de Viena, la orquesta que el propio Mahler dirigió y llevó hasta el más elevado nivel artístico y la más rigurosa disciplina.

El compositor murió por complicaciones atribuidas a problemas cardíacos. Algunos estudiosos han encontrado en la Novena, referencias musicales a su latido de corazón irregular, presagios de su propia muerte y comentarios musicales sobre la dura lucha de Mahler contra la adversidad de sus circunstancias. Otros agregan que la Novena fue su máxima realización musical y que por sobre las dificultades logra escucharse la obra de un compositor y director que triunfaba dondequiera que se presentaba y que tras concluir su estancia en Nueva York al frente de la Filarmónica y la Metropolitan Opera, retornó a Viena aún más grande.

Sobre la base de lo que se considera como el más acertado y revelador comentario acerca de la Novena, el compositor Alban Berg hizo notar que el rasgo distintivo de la obra es un sentimiento de resignación y entrega frente a la vida y que por encima de cualquier minucioso análisis técnico, lo que importa aquí es percatarse de que el primer movimiento, el más extenso de toda la sinfonía, el de tiempo más lento, se estructura a partir de un elemento sencillo del que se deriva toda su enorme complejidad: los sonidos en crescendo. Paso a paso y a cada escalón, el movimiento crece hasta cuando con el último crescendo se obtiene, al mismo tiempo, llegar al momento más elevado del movimiento y que disuelve toda la construcción lograda hasta ese punto. Como lo señalan los observadores, no hay que buscar aquí ni la forma sonata ni el rondó para indagar acerca de la estructuración del movimiento. La cuestión es elemental y sobre ella se levanta la hermosa complejidad del primer movimiento. Es inconcebiblemente básica. Qué maravilla del pensamiento, qué caótica concepción y reflejo de la cultura que estaba por explotar en la I Guerra Mundial. Este, y los restantes movimientos ponen en ejecución un procedimiento de relaciones tonales particularmente mahleriano que se ha llamado “progresión tonal”. Con ese procedimiento, contradiciendo el principio orientador de la tradición clásico-romántica, Mahler no estableció una tonalidad central en el movimiento, de la que dependa toda la sinfonía y con la que obtenga las relaciones estructurales de cada movimiento y entre ellos. Aquí, cada movimiento va estableciendo la tonalidad de manera ambigua. Pasa a otra próxima y relacionada y sigue así, como una vida humana, inestable, incómoda en un sólo lugar, buscando, transformándose para hallar y partiendo enseguida hacia otra zona.

El segundo movimiento está basado en la reminiscencia del ländler, aire popular considerado inculto y hasta vulgar en los días de Mahler. La idea central consiste en valerse de la ironía como objetivo del movimiento y todo en él tiene un carácter irónico. Al mismo tiempo, la música es hermosamente polifónica y revela la profunda admiración de Mahler por la obra de Bach. El tercer movimiento es de carácter satírico. El elaborado contrapunto sobre el que está conformado tiene fundamentalmente un refinamiento que nunca se desprende de su personalidad burda y de ahí que Mahler lo caracterice como burlesco. Y para terminar, el cuarto movimiento, parte del mismo motivo del movimiento precedente, difícil de reconocer porque el tono emocional y el tiempo lento con el que lo abordan las cuerdas, juega con la sensibilidad del oyente.

Habría que resaltar la significación emotiva que procede de la música tocada por las cuerdas, un gesto de nostalgia por el romanticismo que se desvanecía, enfrentado a los segmentos en que la parte principal la llevan los vientos, una declaración de patetismo frente a su momento presente y un aporte al sentimiento de decadencia general. Esta observación se relaciona con lo que ha sucedido en la forma de ejecutar la música de Mahler puesto que progresivamente se pierde el miedo a acelerar la marcha a la vez que se pone mayor énfasis sobre los vientos y la percusión, dando a los arcos su justa participación, no la más sobresaliente.

 

 

Las notas realizadas por Ricardo Rozental para los programas de mano se elaboran por solicitud del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo a quien pertenecen la totalidad de los derechos patrimoniales: www.teatromayor.org