Frank Fernández: obras para piano de Bach, Schubert, Mozart, Lecuona, Chopin, Fernández y Cervantes

 

 

 

Frank Fernández, piano, Cuba

 

Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Sábado 24 de agosto de 2013, 20:00

 

Johann Sebastian Bach (Alemania, 1685 – 1750)  – Charles Gounod (Francia, 1818 – 1893)

Ave María

 

Franz Schubert (Austria, 1797 – 1828) – Frank Fernández

Ave María

 

Wolfgang Amadeus Mozart (Alemania, 1756 – Austria, 1791)

Doce variaciones sobre el tema infantil  Ah! vous dirai-je, Maman

 

Ignacio Cervantes (Cuba, 1847 – 1905)

Cinco danzas:

Invitación

Un recuerdo

Picotazos

Adiós a Cuba

Los tres golpes

 

Ernesto Lecuona (Cuba, 1895 – Canarias, 1963)

Cinco danzas de las suites española y afrocubana

Córdoba

Ahí viene el chino

Andalucía

Comparsa

Malagueña

 

Frederic Chopin (Polonia, 1810 – Francia, 1849)

Balada en sol menor No. 1, Op. 23

Mazurca en la menor Op. 17 No. 4

Scherzo en si bemol menor No. 2, Op. 31

 

Frank Fernández

Suite para dos pianos (*) (2011)

Bolero

Vals Joropo

Conga de Mediodía

Habanera de Cuna

Zapateo por derecho

(*) Los dos pianos son interpretados por Frank Fernández, uno grabado en formato digital y el otro es interpretado en vivo.

 

Para el “Ave María”, Schubert se inspiró en el poema La Dama del Lago de Walter Scott. Ellen, la heroína, invoca a la Vírgen para que le ayude en la adversidad. De hecho, el título de la pieza es Tercer Canto de Ellen y comienza con las palabras Ave María, pero Schubert no usó el texto original en inglés, sino su traducción al alemán que tampoco sigue el texto de la misa. El compositor Gounod solía tocar al piano el preludio no. 1 del Clave Bien Temperado de Bach mientras acompañaba a una cantante que ejecutaba el Ave María de Schubert. Más tarde, el suegro de Gounod transcribió y publicó esa práctica improvisatoria del yerno. La fama de esta música la llevó a que se usara en bautizos, matrimonios y fiestas de quince. La melodía de Schubert no tardó  en recibir textos más cercanos a los de la misa católica.

Como se aprecia, en la música y las otras artes, las obras son el resultado de un sinnúmero de acontecimientos, que, anecdóticos, equívocos o premeditados, no disminuyen su fama y solidez. Este programa contiene algunas obras que pueden verse a la luz de los equívocos que las rodean.

De niño, Mozart había estado en París a donde regresó con su madre varios años después. Muerto el compositor, quedaron las presentes variaciones para piano sobre el tema de la conocida canción infantil que en español comienza con las palabras “Estrellita, cómo estás…” de la que Mozart transcribió la melodía y elaboró unas variaciones que muestran sus destrezas en este campo. Fue hace poco que los biógrafos consiguieron evidencia de que Mozart escribió estas variaciones algunos años después de abandonar París definitivamente y no en el segundo período parisino, durante su frustrante búsqueda de alumnas.

En el siglo XIX, Ignacio Cervantes fue uno de los compositores más insignes de Cuba, por no decir que de toda la cuenca del Caribe. Compuestas en el estilo que era habitual para el entretenimiento en los los salones de la sociedad acomodada, sus piezas para piano están dotadas de algo de la música de salón que compositores como Chopin y Liszt hicieron en Europa, pero tienen el sabor de ciertos aires caribeños, cercanos a la música de baile con influencia francesa y española, con algo más que una rítmica afrocaribeña.

El padre de Lecuona fué un periodista nacido en Islas Canarias que emigró a Cuba. Lecuona tocó el piano desde los 3 años, estudió en Cuba y luego viajó a perfeccionarse en Europa. Esto dejó huella en el depurado estilo del pianista y compositor cubano, sin embargo, donde mejor se sintió, fue en la música de corte popular. Lecuona escribió unos grupos de obras para piano que rinden tributo a la España a la que su familia siempre se sintió unida, también a la Cuba en la que creció y de la que aprendió tanto y a las raíces afrocubanas cercanas a la conga y el carnaval. Viajó a Canarias para conocer el lugar de orígen de su padre y allí murió, pero sus restos descansan en un cementerio cercano a Nueva York.

Desde la Edad Media, una balada era una pieza musical con participación vocal y seguramente hubo regiones en donde se trató de una canción para ser bailada. Pero desde la primera de sus cuatro baladas, Chopin amplió los alcances de la expresión poética para la música del piano solo del romanticismo, disociándola del texto para cantar. El compositor abandonó su Polonia natal debido a los problemas políticos ocasionados por la dominación rusa y pronto se lo relacionó con la cultura francesa. De hecho, la mazurka en este programa ha sido identificada con ciertas melodías judías que Chopin escuchó y transcribió en su juventud. No obstante, mazukas y polonesas son algunas de las obras más famosas de Chopin, consideradas característicamente polacas en sentido nacionalista. El scherzo es alegre, bastante veloz, relativamente extenso y permite buena cantidad de juego en la estructura, la melodía y el ritmo. Este scherzo de Chopin presenta una riqueza de ritmo y tiempo asombrosa, demanda fuerza, precisión, destreza interpretativa y propone una enorme expresividad.

En la suite de Frank Fernández podría verse una especie de síntesis de todo lo que contiene el programa hasta el momento. Está compuesta en un lenguaje pianístico contemporáneo que recoge algo de las sobreimposiciones de géneros musicales, de los aires cubanos de tradición ibérica, de los afrocubanos y de las combinaciones entre música de salón y tradición popular.

 

 

Las notas realizadas por Ricardo Rozental para los programas de mano se elaboran por solicitud del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo a quien pertenecen la totalidad de los derechos patrimoniales: www.teatromayor.org