OFB, Joann Falletta y Jorge Mejía: obras de Vega, Richard Strauss, Copland y Barber

 

 

Orquesta Filarmónica de Bogotá

Directora: Joann Falletta, Estados Unidos

Solista: Jorge Mejía, corno, México

 

Auditorio Mario Laserna

Viernes 14 de junio de 2019, 19:00

 

Auditorio Léon de Greiff

Sábado 15 de junio de 2019, 11:00

 

Diego Vega (Colombia, 1968)

Red Rock para orquesta (2013)

 

Richard Strauss (Alemania, 1864 – 1949)

Concierto para corno No. 2 en mi bemol mayor, TrV 283 (1942)

I. Allegro

II. Andante con moto

III. Rondo. Allegro molto

 

Aaron Copland (Estados Unidos, 1900 – 1990)

Salón México (1932-36)

 

Samuel Barber (Estados Unidos, 1910 – 1981)

Sinfonía en un movimiento, Op. 9 (1936, rev 1942)

1. Allegro ma non troppo

2. Allegro molto

3. Andante tranquillo

4. Con moto

 

Diego Vega ha dicho de su poema sinfónico Red Rock que la obra es resultado del encargo que le hicieron la Sinfónica de Henderson de Las Vegas en Nevada y de quien fuera su director artístico y musical, Taras Krysa, reconocido por su interés en la música de compositores vivos que promuevan la expansión del repertorio y de los recursos musicales de las orquestas que dirige. La obra se estrenó en el otoño de 2013 y se basa en la interacción de un par de materiales musicales: inicia con una introducción a la que sigue la exposición del primer material tranquilo y diatónico a cargo de los cornos, desarrollado enseguida por las trompetas y las maderas. El segundo material es más anguloso y cromático y su exposición corre a cargo de un corno solista. Como ocurriría en la estructuración de una sonata, estos materiales pasan por transformaciones y desarrollos en la sección intermedia de la obra para retornar al final de la pieza desenvueltos y conciliados entre sí. La obra rinde homenaje a una vista aérea del paisaje del cañón de Red Rock en Nevada, al oeste de Las Vegas en el desierto de Mojave, con sus agudos contrastes geológicos, cambiantes formas y colores sorprendentes. Vega ha dicho que los comentarios sobre sus obras que más le importan son los de quienes expresan emociones o sensaciones asociadas a la música.

 

El padre de Richard Strauss, el cornista Franz Strauss, se ganó la reputación de tener un temperamento insoportable, tal como lo declaró Wagner, y una inigualable maestría en su instrumento al punto de haber dejado como legado una técnica mejorada y ampliada para el corno. Se comenta que al cabo de 1942 en medio del horror desplegado por los nazis, mientras el compositor se esforzaba por salvar del campo de concentración a su nuera judía y a sus nietos, declaró que ya nada le quedaba por hacer en música. Sin embargo, a medida que la guerra se hacía más feroz, compuso su segundo concierto para corno, dedicado a la memoria de su padre y estrenado en el Festival de Salzburgo en agosto de 1943.

 

El Salón México se entiende como homenaje a la cultura y el pueblo mexicanos, al salón de baile en el corazón de la ciudad de México que contaba con tres espacios aparte para los diversos tipos de música que se bailaban allí, a los numerosos amigos mexicanos de Copland en México y Nueva York y a que en la obra se hallan referencias a tres piezas de la tradición popular mexicana de las que Copland obtuvo la partitura y que articulan el tejido de la obra.

 

Samuel Barber fue un precoz compositor quien compuso su sintética primera sinfonía en un solo movimiento con cuatro secciones bien caracterizadas. Sigue un diseño clásico, con recurrencias de los tres temas expuestos en el primer movimiento, como elementos unificantes y estructuradores de la obra.

 

Se presta poca atención a mencionar que Barber condujo discretamente su relación de tres décadas con el compositor y libretista Gian Carlo Menotti o a los viajes de Copland a México a donde iba a componer y a desarrollar sus relaciones homoeróticas. En los círculos sociales y artísticos de Barber y Copland no era secreta su homosexualidad pero la mayor parte del público la desconocía o asumía que, en el caso de Copland, se trataba de un solterón. El compositor y director Leonard Bernstein, alumno de Copland, alguna vez le urgió a que promulgara su sexualidad: “yo creo que eso te lo dejo a ti, muchacho”, respondió el maestro. De otra parte, la estudiosa Barbara B. Heyman, autora de un voluminoso estudio de 1994 sobre Barber y su obra, debió responder al reclamo de que nunca dijo que Barber fuera homosexual. Ella reconoció que no usó esa expresión pero que la hizo evidente en la medida en que esta tuvo influencia sobre las composiciones. En su defensa dijo que tratar sobre la heterosexualidad de otros compositores no resultaba indispensable. Hoy habrá que reconocer que la heterosexualidad no es la norma, que las mujeres sí componen, que resulta necesario poner en palabras las diferencias que fortalecen una crítica a las normas, el reconocimiento de la diversidad y la necesidad de debilitar los modelos patriarcales. Callar no es una opción. Nombrar lo que existe es inexcusable.

 

Las notas realizadas por Ricardo Rozental para los programas de mano se elaboran por solicitud de la Orquesta Filarmónica de Bogotá a quien pertenecen la totalidad de los derechos patrimoniales: www.filarmonicabogota.gov.co