OSN de Colombia, Baldur Brönnimann y Juanita Lascarro: obras de Mussorgsky, R. Strauss y Bartók

 

 

 

Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia

Director: Baldur Brönnimann, Suiza

Solista: Juanita Lascarro, soprano, Colombia

 

Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo

Viernes 3 de agosto de 2012, 20:00

 

Modest Mussorgsky (Rusia, 1839 – 1881)

Obertura Una noche en el Monte Calvo (1886)

Entre las obras más famosas de Musorgsky están ésta, los Cuadros en una exposición y su ópera Boris Godunov y todas son conocidas en versiones que fueron orquestadas por otros compositores. Esto está conectado con el hecho de que por tradición familiar se lo destinara a la escuela de cadetes con la aspiración de que luego ingresara al servicio civil, no a que se dedicara a la composición. Los materiales que dejó poseen riqueza suficiente para que otros compositores con formación más rigurosa los orquestaran. El Boris, tanto por Rimski-Korsakov como por Shostakovich, los Cuadros por Ravel y la Noche, nuevamente por Rimski. La obra no se ejecutó en vida de su compositor ni en su propia versión terminada por él, pero se estrenó con la orquestación de Rimski cinco años después de muerto Musorgsky. Se trata de un poema sinfónico cuyo programa o argumento narra musicalmente la celebración de la ceremonia de brujas que ocurre en el Monte Calvo cerca de Kiev, en Ucrania, en la noche de San Juan del 23 al 24 de junio y pone en música la reunión que comienza con el sonido de las voces del inframundo, sigue con la aparición de los espíritus de la oscuridad y del cordero negro, la glorificación del cordero negro y la celebración de la misa negra y luego mientras ocurre el sabbat se oye a la distancia la campana de la iglesia del pueblo y con esto se dispersan las brujas, concluye la orgía y se hace la luz del día.

 

Richard Strauss (Alemania, 1864 – 1949)

Cuatro últimas canciones (1948, estreno 1950)

I. Frühling (Primavera)

II. September (Septiembre)

III. Beim Schlafengehen (Yendo a dormir)

IV. Im Abendrot (Al crepúsculo)

Estas cuatro canciones finales en la vida de Richard Strauss no fueron concebidas como grupo y algunos estudiosos consideran que hoy deberían incluir una más. No obstante, una tradición surgida a partir de su publicación y estreno ha impuesto esta agrupación como ciclo y en un orden ahora habitual.
En los poemas a los que puso música, Richard Strauss halla la forma de rendirle homenaje a su esposa y soprano Pauline de Ahna escribiendo para esta voz unas hermosas melodías que se cantan con acompañamiento orquestal en el que el corno, que era el instrumento de su padre, tiene papel preponderante. Los textos brindaron a Strauss la posibilidad de expresar frente a su propia muerte un sentido de sosiego respecto de la vida llevada a buen término.

En Primavera, saluda la milagrosa aparición de su luz, con la que soñaba desde las criptas en penumbra. Septiembre es la despedida de los verdores del verano que sonríe débilmente hasta cerrar sus ojos cansados. Con Yendo a dormir el agotamiento del día ansía la noche estrellada con descanso para las manos, la mente, los sentidos y el alma, esperando hundirse en la noche. Cierra el ciclo con Al crepúsculo que comienza recordando haber pasado por alegrías y tristezas mano en mano y concluye preguntando si la profunda paz del atardecer será quizás la muerte.

 

Intermedio

 

Béla Bartók (Hungría, 1881 – Estados Unidos, 1945)

Concierto para orquesta, Sz. 116, BB 123 (1943, estreno 1944, revisión 1945)

I. Introduzione

II. Giuoco della coppie (Juego de parejas)

III. Elegia

IV. Intermezzo Interotto (Intermezzo interrumpido)

V. Finale (Pesante – Presto)

Para los comentaristas ávidos de novedades y vanguardismos, el Concierto para orquesta de Bartók resulta una obra clásica, conservadora y menos impactante que mucha de su otra producción. Aquí recurre a la bien establecida forma sonata en los movimientos externos y las disonancias y armonías más audaces tienen un papel menos decisivo que en otras obras. Pero con frecuencia la tonalidad resulta alterada por excursiones a intervalos sorprendentes y por el uso de recursos provenientes de la música tradicional que Bartók estudió y grabó en el terreno, y que transcribió e incorporó en sus piezas.

El interesante título de concierto hace pensar en el desempeño de instrumentos solistas y así es, a lo largo de la obra, en que partes diversas son ejecutadas de manera individual o por pares en diálogo con el grupo orquestal.

El primer movimiento se inicia con una música de carácter misterioso que lentamente construye el tema lleno de agitación que reaparecerá en forma derivada en el tercer movimiento. En el segundo, pares de instrumentos de viento se suceden para tomar papel solista, cada par con un intervalo musical específico que lo distingue de los demás. En el cuarto y más breve movimiento, Bartók aprovecha la oportunidad para introducir modificado el tema de la marcha de la sinfonía Leningrado de Shostakovich, lo retuerce, se mofa de él y lo interrumpe antes de que tome impulso. El último es un movimiento perpetuo de tiempo rápido con un carácter gracioso, elementos fugados que ayudan a enlazar lo que parece ser el fin de una porción con el inicio de la siguiente y aprovecha elementos de música tradicional de su país.

 

Las notas realizadas por Ricardo Rozental para los programas de mano se elaboran por solicitud del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo a quien pertenecen la totalidad de los derechos patrimoniales: www.teatromayor.org